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Hernán Cortés: lo bueno, lo malo y lo feo

El conquistador español supo manejar a la perfección su estrategia; un hombre tenaz, pero que detrás de su armadura escondía a un ser ambicioso, furibundo y mujeriego.

Por Sandra Molina Arceo
Martes, 24 de agosto de 2010 a las 18:56
Lo bueno: intrépido y persistente hasta la temeridad
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 (Especial)
  (Especial)

Hernán Cortés (1485-1547) fue un agudo observador.

Supo percibir los temores de Moctezuma y distinguir que el poderoso Imperio Azteca contaba con acérrimos enemigos a los que logró atraer a su causa con impecable elocuencia.

Nunca consideró la posibilidad del fracaso, decidido a lograr su objetivo mandó quemar las naves quedando él y los integrantes de su expedición sin posibilidad de dar un paso atrás.

Si bien se permitió un momento de debilidad llorando sus desgracias debajo de un ahuehuete la noche del 30 de junio de 1520, no vaciló ni abandonó su idea de conquista hasta alcanzarla.

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1.Lo bueno: intrépido y persistente hasta la temeridad
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