En los Juegos Olímpicos no todo vale para ganar
No son pocos los atletas que han padecido desgracias en la máxima justa deportiva. Aquí algunos ejemplos:

Francisco Lázaro cayó deshidratado sobre la pista de la justa olímpica de Estocolmo 1912 (EFE)
(QUO) — La historia del portugués Francisco Lázaro, en los Juegos de Estocolmo 1912, es una de los tantos acontecimientos inusuales que viven en la memoria de los Olímpicos.
El maratonista se preparó para ganar, pero hizo mal. Para aumentar su resistencia tomó lo que en Portugal se conoce como “emborcado”, una mezcla de 4 claras de huevo, 1 yema, 450 mililitros de agua, 700 de esencia de trementina y 700 gramos de ácido acético.
Lo complementó con cera untada en el cuerpo para evitar quemarse del sol, creyendo que sudaría menos y, por ende, mejoraría su rendimiento.
La carrera inició al calor de más de 34 grados, Lázaro comenzó a deshidratarse en el transcurso de la carrera, ya que la cera que cubría su piel no le permitía transpirar. Cayó varias veces, hasta que ya no logró incorporarse.
Murió en el hospital de Seraphim. Su cuerpo estaba a una temperatura de 41 grados: se quemó.
