La ley de migración de Arizona preocupa a soldado de origen mexicano
A punto de salir en misión a Medio Oriente, José Medina dice que no sabe si al volver a EU verá a familiares y amigos que son ilegales
Lunes, 26 de abril de 2010 a las 13:29

José Medina, del Ejército de EU, enciende una veladora durante una protesta en contra de la ley de inmigración aprobada en Arizona (Getty Images).
- José Medina, de 20 años, es un soldado estadounidense de origen mexicano
- A Medina le preocupa la nueva ley de inmigración que se promulgó en Arizona
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Podrías dar la vida por este país, pero Joe Arpaio podría arrestar a tu mamá | |
| Víctor, amigo del soldado estadounidense José Medina | ![]() |
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PHOENIX, Arizona (CNN) — En una manifestación contra la ley sobre inmigración que Arizona aprobó la semana pasada, un joven con uniforme militar enciende una vela ante un altar improvisado.
El soldado raso José Medina, un médico militar, llegó al capitolio de Arizona en sus días francos, para expresar su tristeza respecto de la ley, la cual fue promulgada por la gobernadora Jan Brewer el viernes.
“Vine aquí porque esto es algo muy cerca de mi”, dice Medina a CNN. “Yo he defendido este país y mi familia. Por eso duele”.
Medina tiene 20 años y procede de El Mirage, un barrio obrero latino al noroeste de Phoenix.
“Cuando me enrolé, me preguntaron por mi procedencia y les dije ‘soy del gran estado de Arizona’”, expresa Medina. “Aquí me criaron, aquí crecí. Ahora no sé si me siento orgulloso. No sé si quisiera seguir viviendo aquí”.
Medina dice que él llegó a Estados Unidos como ilegal cuando tenía 2 años de edad.
A los 11, se convirtió en un residente legal en EU y ahora es poseedor de una tarjeta verde (green card).
“Me sentía en deuda con este país que me ha dado tanto”, dice Medina. “Cuando escuché que habían aprobado la ley, no lo pude creer. Los EU que conozco, la libertad, las libertades que disfrutamos, son para todos y entonces esta ley fue promulgada y me dije: ‘Caray’. Es una pena. ¿Es que en este estado no nos quieren? Sin este uniforme soy nada más otro que entró aquí ilegalmente”.
A unas horas antes de partir a una misión, Medina, su familia y amigos se reúnen para una comida de despedida. La carne asada al estilo mexicano se podía oler a una cuadra de distancia.
La discusión apasionada sobre la controvertida ley se escucha por encima de los tenedores y los cuchillos que atacan los platos de carne asada.
“Igual te mandan a Afganistán o Iraq”, tercia Víctor, amigo cercado de la familia Medina. “Igual y es la última vez que te vemos. Podrías dar la vida por este país, pero Joe Arpaio podría arrestar a tu mamá”. (Arpaio es el alguacil del condado de Maricopa y es famoso por sus agresivos patrullajes.)
“Es verdad”, contesta Medina. “Pero es mi deber irme”.
“Eres mexicano”, dice Víctor.
“Soy de origen mexicano”, replica el soldado. “Pero he crecido como estadounidense”.
Ricky, un amigo blanco de 22 años que estuvo en misiones en Iraq y Afganistán y quien no quiere usar su nombre completo, deja de comer y dice: “Allá, todos somos hermanos”.
Al amanecer del domingo Medina estará saliendo de El Mirage para su despliegue en Alemania.
El militar se pregunta si algunos de sus familiares o amigos, algunos de ellos indocumentados, seguirán en el barrio a su regreso.
“Me preocupa que mi familia viva con tranquilidad”, dice. “¿De qué sirve sentirnos seguros aquí si perdemos parte de lo que hace grande a este país? ¿Si metemos miedo en el corazón de la gente?”


