Una comunidad lucha por la "justicia medioambiental" en Louisiana
Los habitantes de una localidad de Louisiana creen que los contaminantes generados por las fábricas de la zona los están matando.
Martes, 18 de mayo de 2010 a las 12:55

Los habitantes de Mossville creen que las plantas químicas locales tiene la culpa de sus problemas de salud. (CNN).
- Los residentes de Mossville se quejan desde hace décadas de problemas de salud
- La comunidad sospecha que las 14 plantas químicas de la zona pueden tener la culpa
- Un grupo ha pedido la reubicación de los vecinos y que se reduzcan las emisiones
Westlake, Louisiana (CNN) — Reúne en una misma habitación a residentes y ex residentes de la localidad de Mossville, en Louisiana, Estados Unidos, y seguramente escucharás una retahíla de problemas de salud y una lista de familiares y amigos que fallecieron a temprana edad.
"Yo tuve cáncer. Mi padre murió de cáncer. Mucha gente de por aquí murió de cáncer", dice Herman Singleton, de 51 años, y que también perdió a dos tíos y una tía por la misma enfermedad.
Para Singleton y muchos otros residentes de esta comunidad de mayoría negra, las 14 plantas químicas que hay son en parte responsables de estos problemas de salud.
Durante décadas, los habitantes de Mossville se han quejado a la industria y a los organismos estatales. Ahora, con la nueva directora de la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés), que se ha comprometido a luchar por la justicia medioambiental, las expectativas son altas.
"Estoy muy esperanzada", dice Debra Ramírez, de 55 años, que creció en Mossville y perdió una hermana de 45, víctima de sarcoidosis, una enfermedad inflamatoria. "Creo que está intentando hacer lo correcto", agregó.
Lisa Jackson, nacida en Nueva Orleans, Louisiana, es la primera mujer negra al frente de la EPA, y se ha marcado la "justicia medioambiental" como una de sus siete prioridades. La agencia organizó una reunión en Mossville el mes pasado para poner en marcha un estudio que ayudará a decidir si esta comunidad recibe ayuda de un "Superfondo" del gobierno contra la contaminación.
El grupo ecologista local (llamado Mossville Environmental Action Now, o MEAN), ha pedido al gobierno y a las industrias que reubiquen a los habitantes que quieran marcharse, que se reduzcan las emisiones contaminantes de las plantas de la zona y que se ofrezca una clínica gratuita. El "superfondo" contempla la reubicación únicamente como último recurso.
"Mucha gente se enferma. La gente se muere por lo que ocurre en nuestra comunidad. Estos químicos nos matan, destruirán Mossville si no se hace algo", afirma Dorothy Felix, de MEAN.
Según la EPA, las fábricas próximas a Mossville emiten toneladas de carcinógenos como el benceno y cloruro de vinilo.
Desarrollo químico
El desarrollo industrial en Mossville y sus alrededores comenzó durante la Segunda Guerra Mundial. Las fábricas de cloruro de vinilo, las refinerías y las plantas térmicas y químicas se instalaron en un área rural que antes era rica en agricultura, pesca y caza.
Robert Bullard, autor de "Dumping in Dixie", dice que no le sorprende que las industrias eligieran Mossville, una comunidad fundada por afro-estadounidenses en los años 70.
"Lo que ocurre es que la zonificación el algo muy político y lo que sucede es que la gente poderosa, con sus abogados y autoridades a su favor, consiguen que estas cosas se pongan en lugares alejados, donde vive otra gente", explica Bullard.
Sin poder, dice Bullard, los negros se han llevado la peor parte, y se ven obligados a vivir cerca de industrias, vertederos y otros lugares peligrosos.
"Los negros tienen un 79 por ciento más de posibilidades de vivir en comunidades cercanas a instalaciones peligrosas que presentan riesgos para la salud", señala Bullard, director del Centro de Justicia Medioambiental de la Universidad Clark en Atlanta.
Bullard dice que Jackson ha traído aire fresco a la justicia medioambiental desde que asumió el cargo el año pasado. En los ocho años anteriores, dice que esta justicia "no existía o era invisible".
Miedo a la contaminación
Con el tiempo, ha aumentado la preocupación de los habitantes de Mossville en torno a los problemas de salud provocados por las fábricas, temores que se dispararon en 1998 cuando unas pruebas de sangre a 28 residentes detectaron niveles de dioxina tres veces superiores al promedio nacional.
Las dioxinas son cancerígenas. Los volcanes y los incendios forestales crean estas dioxinas de forma natural. También se general durante la producción de cloruro de vinilo, en las incineradoras de basura y en las fábricas donde se procesa madera.
En 2001, se realizaron nuevamente las pruebas de dioxina, con resultados similares, pero en 2006 un organismo federal concluyó que no existía riesgo para la salud de los habitantes de la zona, conclusión de la que se hizo eco la industria local.
"Las emisiones de las plantas cumplen las normas fijadas por varias agencias y sus niveles no causan efectos nocivos en las comunidades locales", dice Larry DeRoussel, director ejecutivo de una asociación de industrias.
DeRoussel habla en nombre de estas compañías locales, ya que CNN invitó a las 14 empresas a hablar ante la cámara, pero ninguna aceptó. DeRoussel destaca unas estadísticas según las cuales la incidencia del cáncer en el condado local de Calcasieu Parish no es mucho mayor que el promedio del estado.
Pero Wilma Subra, una química de New Iberia, Louisiana, y que ha trabajado con los residentes de Mossville, dice que esos números son engañosos porque el condado abarca una superficie muy grande, y Mossville es sólo una mínima parte de ella, con unas 375 casas muy próximas a las plantas químicas.
"La gente de Mossville es como un experimento. Saben que tienen altos niveles de dioxina en la sangre y se les deja seguir viviendo ahí, expuestos a los químicos", destaca Subra, ganadora de una beca MacArthur en 1999 por su labor medioambiental con este tipo de comunidades.
Tras el anuncio de la investigación de la EPA para decidir si se otorgan fondos a la zona, Félix tiene por primera vez esperanzas de salvar a Mossville.
"Es la primera vez que tengo un poco de esperanza en la EPA", dice Félix.
