¿Te enamoraste? La culpa es de tus genes

(Especial)
"La cara y los ojos. Pero también la voz. Uy, y su olor. Qué manera de sentarse y mover las manos al hablar. Me gusta todo..." ¿Cuántas veces has dicho esto?
Y es que la belleza humana, contrariamente a lo que se pensaba hasta hace muy poco, no es un mito ni un asunto de culturas.
La evolución nos dotó de la habilidad para detectarla porque es la señal misma de que esa persona atractiva es una candidata ideal para combinar sus genes con los nuestros y tener una descendencia fuerte y capacitada para sobrevivir.
El doctor Karl Grammer, profesor e investigador del comportamiento humano del Departamento de Antropología de la Universidad de Viena, investigó y descubrió que si bien la belleza humana existe, es como un molde que puede ser rellenado de muchas maneras.
Grammer propone que los seres humanos nos sentimos atraídos hacia las personas que nos pueden asegurar una descendencia sana y fuerte para resistir enfermedades y sobrevivir a largo plazo.
Son esas personas las que nos parecen atractivas, bellas o guapas, y su poder de atracción está sostenido por lo que el antropólogo llamó los Ocho Pilares de la Belleza: no poseen un físico excéntrico o extremo; la edad; las señales hormonales; la simetría del rostro, la textura de la piel, el olor corporal, la voz y el movimiento corporal.
Descritos así, los pilares de la belleza son como una “plantilla” que cada cultura y época ha ido rellenando.
Marilyn Monroe y Diane Kruger o Cristiano Ronaldo y Clark Gable son ejemplos extremos de esa hermosura tan atractiva para los humanos y sus genes.
