Conoce a fondo a tu cena de Navidad: el guajolote mexicano
Augusto descendiente de los dinosaurios, el guajolote mexicano destronó al pavorreal en las mesas europeas y es rey de las fiestas decembrinas. Conócelo... antes de que te lo comas.

(SXC)
La leyenda mesoamericana del Quinto Sol sobre la creación del mundo cuenta que los hombres del Tercer Sol quedaron convertidos en guajolotes.
Así de antigua es la estirpe de estas aves –al menos en las leyendas de nuestros orígenes–, cuyo nombre proviene del vocablo náhuatl huaxolotl, que significa “monstruo grande” o “gigante”.
No obstante, no se ha logrado descubrir la etimología del vocablo, ya que no queda claro “si se le definía como un ente conocido gigante o monstruoso, o por las características de su cara, por el moco que a mucha gente no le agrada”, señala el Dr. Marco Antonio Juárez, académico de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UNAM.
En lo que sí coincide es en su antiquísima presencia en nuestro planeta: “La aparición de la especie está ligada a la familia de las gallináceas, por tanto es muy antigua.
"Podríamos decir que es casi un dinosaurio vivo. De hecho, se menciona que el único dinosaurio viviente son las aves; fueron las únicas que supuestamente sobrevivieron la hecatombe de la época de los dinosaurios”.
Más aun, destaca de los guajolotes ciertas características, como la agresividad para defender su territorio y a las hembras: “Son dos impulsos primarios ligados a este dinosaurio”, comenta Juárez, también profundo admirador de los guajolotes.
Los primeros registros documentados referentes a estas gallináceas tienen su origen en documentos españoles. “Ahí se comenzó a definir que era una ave domesticada y que se utilizaba para el consumo”, refiere el especialista.
Los cronistas de Indias lo llamaron originalmente “gallo de papada” porque se les dificultaba la pronunciación de huaxolotl, pero pronto adoptaron el nombre de pavo ante la similitud que encontraron con el pavorreal, en cuanto al despliegue de sus plumas al momento de cortejar.
También se le conoce con otros nombres: pípila, huilo, cocono, guanajo (Cuba), picho (Sudamérica). Y si bien su origen es mesoamericano, se le considera un ejemplar típicamente mexicano dado que los primeros guajolotes que viajaron a Europa salieron de la Nueva España.
Fue tal su éxito que, muy pronto, hacia 1530, destronó de las mesas de los europeos pudientes al pavorreal, y se hizo célebre entre los ingleses, que lo llamaron turkey creyendo que provenía de Turquía.
Los franceses lo bautizaron coq d’Inde (gallo de India) y terminaron abreviándolo dinde. Hoy llaman así a la pava, y dindon, al pavo.
Pero, ¡ojo! El pavo que hoy se sirve en las mesas navideñas y en la cena de Acción de Gracias en Estados Unidos no es el mismo que el dinosaúrico guajolote con el que preparamos el mole, aunque pertenezcan a la misma familia.
